El nuevo Pacto de Migración y Asilo de la Unión Europea marca un giro evidente en la política migratoria continental. Más procedimientos rápidos en frontera, más retornos efectivos y más acuerdos con terceros países. Europa ha asumido que el sistema anterior era insostenible.

El modelo que muchos señalan como referencia es Dinamarca. Hace una década era uno de los países con mayor tasa de solicitudes de asilo por habitante. Hoy ha reducido esas cifras en más de un 90%. No por casualidad, sino por diseño político.

Mientras tanto, España mantiene una de las tasas más altas de solicitudes de protección internacional en relación con su población. Y la pregunta ya no es ideológica. Es estructural.

El error de base

España no “recibe más” porque sea geográficamente más accesible. Otros países europeos tienen rutas similares o mayores presiones fronterizas. La diferencia está en el sistema.

En España, el proceso de asilo es largo. Muy largo. Las resoluciones pueden tardar años. Durante ese tiempo, el solicitante permanece en el país con documentación provisional.

Si finalmente la solicitud es denegada, la probabilidad de retorno efectivo es reducida. Y si la persona permanece en situación irregular durante un tiempo suficiente, puede acceder posteriormente a figuras como el arraigo.

Es decir: el sistema español combina tres elementos explosivos:

1.Permanencia prolongada mientras se tramita el expediente.

2.Baja ejecución de expulsiones tras denegación.

3.Posibilidad futura de regularización por vías alternativas.

Desde el punto de vista de incentivos, el mensaje es evidente: incluso si no obtienes asilo, es probable que puedas quedarte.

No es una cuestión moral. Es una cuestión de lógica institucional.

Dinamarca entendió algo que España no

El giro danés comenzó bajo el liderazgo de Lars Løkke Rasmussen, pero lo relevante es que después fue asumido por la socialdemocracia. Se convirtió en política de Estado.

Dinamarca introdujo:

-Permisos estrictamente temporales.

-Revisión constante del estatus.

-Señal política clara de retorno cuando cesa la causa de protección.

-Agilidad en los procedimientos.

El mensaje exterior cambió. Y los flujos también.

En migración, la percepción importa tanto como la norma escrita. Cuando un país transmite que la protección es excepcional y revisable, las solicitudes disminuyen. Cuando transmite que el proceso será largo y el retorno improbable, aumentan.

El problema español no es humanitario, es de credibilidad

España defiende un discurso garantista. Y las garantías son esenciales en un Estado de Derecho. Pero un sistema que no ejecuta sus propias decisiones pierde credibilidad.

Si una denegación no implica retorno efectivo, la denegación deja de tener efecto práctico. Y si el tiempo juega a favor de la regularización futura, el sistema se convierte, de facto, en una vía indirecta de inmigración.

Esto no significa que todas las solicitudes sean fraudulentas. Significa que el diseño incentiva el uso estratégico del procedimiento.

Y cuando el sistema se percibe como la puerta más accesible dentro del espacio europeo, los flujos se orientan hacia ese país.

La migración no desaparece; se desplaza hacia donde las probabilidades son mayores.

Consecuencias reales

El resultado no es solo estadístico. Es:

-Saturación de oficinas de asilo.

-Retrasos acumulados.

-Colapso administrativo.

-Tensión en barrios concretos.

-Desgaste político del propio derecho de asilo.

Paradójicamente, un sistema mal diseñado termina perjudicando a quienes realmente necesitan protección, porque diluye recursos y credibilidad.

Europa gira. España duda.

La mayoría de socios europeos ha asumido que el asilo no puede convertirse en un sustituto de la inmigración laboral ni en una puerta automática de permanencia.

España sigue operando con un modelo que, en la práctica, genera incentivos perversos.

El debate no es “acoger o no acoger”. El debate es si un país puede sostener indefinidamente una de las tasas más altas de solicitudes en Europa sin ejecutar retornos de forma eficaz y sin revisar los incentivos que ha creado.

Porque en política pública, las intenciones no cuentan. Cuentan los resultados.

Y hoy los resultados indican que España no tiene un problema de inmigración. Tiene un problema de diseño institucional. @mundiario

 

Por Editorial

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *