El decreto ómnibus de pensiones aprobado por el Gobierno de España vuelve a demostrar hasta qué punto el Ejecutivo está dispuesto a utilizar a los jubilados como escudo humano, mezclando la subida conforme al IPC con medidas ajenas para forzar un chantaje parlamentario y luego señalar a la oposición cuando alguien se niega a tragar.

No es una cuestión ideológica. Es una cuestión de higiene democrática. Y también de decencia.

Porque cuando todo cabe en el mismo decreto, nada se debate de verdad. Solo se vota miedo.

El decreto ómnibus y el chantaje a los pensionistas

El Gobierno ha decidido empaquetar en un solo texto la revalorización de las pensiones y cuestiones completamente distintas, como la okupación ilegal, los desahucios o los impagos, para después acusar a quien vote en contra de “hacer daño a millones de ciudadanos”.

Una maniobra vieja, pero eficaz: si no apoyas el decreto ómnibus, eres enemigo de los mayores. Da igual que exista mayoría suficiente para subir las pensiones por separado. Da igual que el Gobierno esté en plazo para hacerlo. Da igual que se lo pidan por activa y por pasiva.

Lo importante es el relato. Y el relato exige rehenes.

Pensiones sí, ocupaciones no: el Congreso se planta

La frase la resumió con precisión quirúrgica la portavoz de Junts, Míriam Nogueras: “Pensiones sí, ocupaciones no”. Una obviedad que, en el Congreso actual, suena casi revolucionaria.

El PP y Junts coincidieron en rechazar que la subida de las pensiones se vote dentro de un decreto trufado de medidas que nada tienen que ver con el poder adquisitivo de los jubilados. No es bloquear las pensiones. Es exigir un decreto limpio.

Juan Bravo, en nombre del Grupo Popular, reprochó al Ejecutivo su falta de respeto al Parlamento, al ordenamiento jurídico y a la ciudadanía. Si quieren subir las pensiones, que lo voten. Si quieren usar a los pensionistas como moneda de cambio, que asuman la responsabilidad.

Pero asumir responsabilidades no está en el manual.

Sánchez y el uso político de las pensiones

Desde la tribuna, Félix Bolaños acusó a los grupos que no apoyaban el decreto ómnibus de “hacer daño a millones de ciudadanos”. El mensaje es siempre el mismo: o votas lo que yo quiero, o eres culpable del desastre.

Pedro Sánchez completó la escena desde Instagram, acusando al PP de tomar como rehenes a los pensionistas, olvidando convenientemente que es el Gobierno quien tiene la capacidad legal inmediata para aprobar la revalorización por separado.

Pero sin decreto ómnibus no hay trampa. Y sin trampa no hay víctima.

Mientras tanto, Gabriel Rufián defendía las “iniciativas-gazpacho” del Ejecutivo como el “mal menor”, Vox incendiaba el Pleno con excesos verbales y el Gobierno se colocaba en el cómodo papel de damnificado moral.

Todo muy teatral. Todo muy calculado.

Un decreto ómnibus donde todo vale

El problema del decreto ómnibus no es solo técnico. Es político y ético. Convierte a los pensionistas en escudos, a los propietarios en culpables y al Parlamento en una notaría del chantaje.

Las pensiones pueden y deben subirse.
La okupación puede y debe debatirse.
Pero mezclarlo todo no es proteger a los vulnerables: es usar a unos contra otros.

Y cuando un Gobierno necesita hacerlo así, no es porque tenga razón.
Es porque ya no confía ni en su propio argumento.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *